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sábado, 30 de mayo de 2020

La educación en La República de Platón

Al final de la Alegoría de la caverna se hace mención de las dificultades que tendría el prisionero liberado si tuviera que volver al encierro para mostrarles la verdadera realidad a los demás prisioneros, Platón menciona la imposibilidad que tendría el hombre liberado para volver a adaptarse a la oscuridad de la caverna, y sostiene que los otros prisioneros seguramente se burlarían de él por no poder distinguir correctamente las sombras proyectadas en el fondo de la caverna.

Podríamos interpretar esta metáfora como una forma de decir de Platón que la gente común que no accede a los verdaderos conocimientos no puede comprender al que sí lo hace, y por tal motivo se burla de su forma particular de comprender el mundo; no hay que perder de vista que aquí el liberado de la caverna representa al verdadero filósofo, quien estará capacitado para gobernar la República, por haber accedido a la verdad, al conocimiento de los valores más altos de la polis, y siguiendo la enseñanza socrática que sostiene que, se obra bien por sabiduría y mal por ignorancia, es este prisionero liberado quien puede obrar justamente, con valentía y sabiduría; y de allí la fuente de su poder (el conocimiento verdadero)

Tomando en cuenta el contexto, es entendible que el pueblo no lo comprenda, que se burle de él y que incluso quiera matarlo, tal como sucedió con Sócrates, el hombre más sabio de Atenas para los ojos de Platón.

Aquí hay una crítica, una denuncia, una observación de Platón, que sigue vigente y no sólo en el ámbito educativo: el que se atreve a ver la realidad de otro modo, a cuestionar las verdades establecidas y el orden instaurado es objeto de burla, está loco, se sale de lo normal, y hay que eliminarlo.

Una vez liberado, el prisionero de la caverna comienza a observar los objetos reales, primero a través de sus reflejos en el agua, luego por las noches a la luz de la luna, y finalmente en forma directa y a la luz del sol; con este astro identifica Platón la idea de Bien, la cual está en el límite del mundo inteligible, al final del recorrido del hombre que conoce verdaderamente, y así como el sol ilumina todas las cosas para que podamos verlas, la idea de Bien es la causa de todo lo que podemos conocer como verdadero. Acceder a la idea de Bien es el fin último del verdadero filósofo.

Los hombres que están más cerca de la instancia de bien y de verdad aspiran a mantenerse en un nivel superior y no quieren dedicarse a los asuntos humanos, pues quieren para sí una vida enfocada a lo sublime.

La concepción de educación que subyace en estas páginas y que está relacionada con las enseñanzas de Sócrates que recuperan sus discípulos, sostiene que todos los hombres tienen en su alma la capacidad de aprender pero para acceder al conocimiento deben dirigirse hacia el bien, Platón usa la metáfora de los ojos y la luz para explicar que al conocimiento se llega apartando la mirada de la oscuridad y dirigiéndola hacia la luz, la cual, como sabemos, representa la Idea de Bien.

La educación consiste en el arte de dirigir a los otros para que orienten su facultad de conocimiento hacia el bien, hacia la luz, hacia la verdad. Aquí se puede ver la relación que establece Sócrates entre el bien y la verdad, dos de los valores morales más importantes para los griegos, pues se sostiene aquí que quien obra bien lo hace por conocimiento y quien ora mal lo hace por ignorancia, y este último es el hombre que más daño puede hacerle a la Polis.

Los hombres preparados para gobernar son aquellos que, habiendo accedido al conocimiento, están dispuestos a mantenerse en la sublime tarea de dirigir a los demás para que estos también puedan acceder al conocimiento, a pesar de las burlas y siempre con vistas a permanecer cerca de la Idea de Bien, ajustándose a la ley, pues la ley no se propone la felicidad de unos pocos, sino el bienestar de todos.

Los filósofos que aspira formar Platón-Sócrates serán capaces de unir la política y la filosofía, pues una vez que accedieron a las ideas de belleza, bondad y verdad podrán organizar mucho mejor la ciudad y también ayudar a sus conciudadanos a vivir mejor.

El hombre feliz debe ser rico en virtud y en sabiduría.

En 521 a-b Platón sostiene que los destinados a mandar no pueden encontrar una vida mejor que la del gobernante, y obrarán justamente por haber accedido al verdadero conocimiento; más si gobernaran hombres que no hubieran accedieron a estos valores morales superiores, ellos caerían en la perdición arrastrando consigo a la ciudad entera.


Sócrates

Sócrates (470 – 399 AC) fue un filósofo griego se caracterizó por la búsqueda de verdades universales por medio de un procedimiento dialéctico, mediante el cual interpelaba a los hombres importantes de la época para que estos le expliquen en qué consisten ciertos conceptos universales tales como la verdad, la justicia, el amor, y la valentía por ejemplo.

Sus sentencias más conocidas son “conócete a ti mismo” y “sólo sé que no sé nada”. Justamente, al reconocer su incapacidad de considerarse un sabio, pues era consciente de que no tenía todas las respuestas, Sócrates se definía como un filósofo, como una persona que busca constantemente el conocimiento y no como un sabelotodo que no se cuestiona sus propios pensamientos, y tal vez fue justamente por este proceder que se convirtió en el hombre más sabio de su época.

Entre sus discípulos se encontró el filósofo Platón, quien tomó a Sócrates como uno de los personajes principales de sus diálogos filosóficos; existen muchas dudas acerca de cuándo se hace presente en las palabras de Platón el Sócrates histórico y cuándo habla el personaje, lo cierto es que Sócrates influyó fuertemente en la vida y la obra de su discípulo, como así también en el resto de los filósofos que lo sucedieron.

Por no haber dejado una obra escrita, se compara a Sócrates con Jesús, de quien tampoco tenemos registros provenientes de su puño y letra; de ambos no hay más que testimonios de terceros, descripciones de personas que los conocieron y que dejaron plasmados en diferentes obras fragmentos de sus enseñanzas orales. Además, ambos desafiaron a los poderosos de su época y también manejaban muy bien la dialéctica, es decir el arte de intercambiar argumentos con un interlocutor. Finalmente, otra similitud es la de ser condenados a muerte injustamente.

A diferencia de los Sofistas, quienes sostenían la importancia de la retórica para la construcción de argumentos irrefutables - aunque independientes de una verdad absoluta - Sócrates sostenía que el conocimiento no está dado por la correcta argumentación únicamente, sino que además tiene que tener a la verdad como sustento, es decir, que no alcanza con convencer al otro para demostrar que estoy en lo cierto, sino que además tengo que poder dar cuenta de aquello de lo que estoy hablando, conocerlo realmente.

Los Sofistas por su parte, enseñaban el arte o la técnica de la argumentación, la cual estaba impulsada por los fines, el de convencer al contrincante en una discusión, y el de rebatir los argumentos contrarios a los propios; conformaban un grupo de personas que iban de ciudad en ciudad enseñando estas técnicas a personas que podrían necesitar de estos procedimientos en las asambleas públicas o ante algún tribunal. Para los Sofistas, no existía “la verdad” sino las verdades bien enunciadas y defendidas; esto trajo como consecuencia una subjetivación o parcialización de la verdad, es decir, que la verdad se tornó relativa y con ella la realidad en su conjunto se volcaba inevitablemente al relativismo.

Sócrates se oponía a esta concepción de la verdad y de la realidad, él sostenía que existen verdades universales a las que los individuos pueden acceder si un buen maestro los guía; el conocimiento se encuentra en el interior de cada uno, el maestro puede hacer por medio de preguntas, que uno acceda a este saber; este método por el cual el maestro guía al alumno para que llegue a la verdad por medio de preguntas se denomina mayéutica.

Este proceder socrático, que consistía en interrogar al otro acerca de sus propios conocimientos en cuanto a diferentes cuestiones de importancia para la polis incomodó a las personas más poderosas de la época, quienes no se sentían a gusto siendo cuestionados relación con sus conocimientos y su desempeño, al quedar en evidencia que estas ignoraban en qué consisten valores tales como la justicia, la valentía o la virtud, había allí una crítica muy fuerte en torno al poder, pues si quien tiene que administrar la justicia, por ejemplo, no puede definirla, ¿en qué saber reside su poder de decidir cuándo un acto es justo o no?. Como consecuencia de esta incomodidad, los sectores más poderosos comenzaron a ver en Sócrates una amenaza a su poder y al orden de la polis, para los sectores más jóvenes, en cambio, Sócrates representaba la crítica y la rebelión al orden establecido, y por lo tanto, tenía muchos discípulos que buscaban aprender de él.

Sócrates es condenado a muerte por corromper a los jóvenes y por contradecir las verdades de los dioses, y aunque hubiera podido evitar la cicuta y seguir con vida pero en el exilio, él negó los cargos y eligió morir defendiendo su postura antes que dejar de ser un ciudadano de la polis.

La búsqueda de valores universales constituye una base para la construcción de una sociedad menos corrupta e injusta, era una necesidad para la Atenas clásica y lo sigue siendo actualmente.

Saber en qué consiste la justicia nos permite diferenciar los actos justos de los injustos, lo mismo ocurre con el resto de los valores de nuestra sociedad, y para acceder a ellos no tenemos más que volvernos hacia nosotros mismo y preguntarnos por sus definiciones, no hay quien no pueda acceder a estas nociones, sólo se trata de hacer las preguntas correctas para llegar al conocimiento; a su vez, el acceso al conocimiento lleva a las personas a realizar las acciones morales correctas, pues quien no obra bien, no lo hace por maldad sino por ignorancia; por esto es tan importante llegar al conocimiento, para mejorar nuestra sociedad.


domingo, 19 de abril de 2020

RETÓRICA


Retórica es un término que aparece por primera vez en Platón, referido a una cierta capacidad de persuasión o como una especie de andamiaje técnico.
En 480 A.C. a causa de una gran crisis judicial en Siracusa, se comienza a utilizar sistemáticamente la retórica como una técnica en las discusiones referidas  a la administración de la justicia.
Corax y Tisias son los primeros griegos registrados utilizando la retórica en litigios, los primeros abogados, que trabajaban tratando de convencer.
Luego se comienza a expandir por toda Atenas y así encontramos claros exponentes de su utilización en la sofística (Protágoras, Gorgias)
Rhetoriké: Rhein / Rhesis: discurso corrido utilizado para convencer a un auditorio, y que posee una técnica específica.
Mithos: narración ficcional que no busca convencer, relato que puede ser irreal.
Logos (legein): contar, contar numéricamente, remite a algo concreto no irreal.
Epopeya: épéin / epus: decir o contar aventuras.
Agórevo / ágora: intercambio comunitario, charla social.

lunes, 15 de mayo de 2017

La filosofía griega clásica / Aristóteles

Introducción

Hijo de un médico de la corte del rey de Macedonia.
Fue discípulo de Platón.
Fue preceptor de Alejandro de Macedonia
En 355 AC fundó el Liceo
La obra de Aristóteles es enciclopédica, abarca todo lo que se podía conocer para su época, propone una concepción filosófica sistemática del universo.
Sus escritos se dividen en:
1.      Escritos de lógica: sobre el pensamiento, el juicio, los razonamientos, etc.
2.      Escritos de Filosofía Primera: sobre metafísica y ontología
3.      Escritos de Física: sobre la naturaleza en general
4.      Escritos de Ciencias Prácticas y Poéticas: sobre ética, política, estética y poética.

El problema

Aristóteles quería conocer todo sobre el mundo pero la obra de Platón no le servía para entender el mundo natural, al cual accedemos por medio de nuestra experiencia. El principal problema que encontró es la duplicación de lo real (el dualismo ontológico platónico), a esto se suma que no quedan muy claras las nociones de participación y de imitación que su maestro usó para explicar la relación entre los dos mundos.
Lo que observó Aristóteles es que el hombre, como ser vivo, proviene de otro hombre, y no de una idea perfecta de hombre que no podemos palpar.
A este filósofo le interesaba explicar la relación entre lo universal y lo particular, pensaba que el origen de las cosas debía estar en las cosas mismas, y no en un mundo separado del natural.
No hay que perder de vista que Aristóteles es hijo de un médico y que se formó en una tradición naturalista, por lo que se interesó principalmente en explicar el mundo natural, lo que él consideraba el único posible objeto de estudio de la ciencia.
Entonces, lo que intentó hacer Aristóteles fue reunir la dualidad ontológica platónica en una única realidad experimentable.

La realidad

Para Aristóteles lo real es el individuo, y este posee diferentes modos de ser, algunos modos subsisten por sí y otros necesitan de un sustrato.
Hay en el mundo cosas particulares que existen por sí, y existen modos de ser que no existen por sí, como por ejemplo las relaciones entre dos particulares o las cualidades de un objeto.
Todos los modos del ser pueden y deben referirse al que existe por sí, a este modo de ser que es sustrato de todos los demás, Aristóteles lo denominó sustancia
La realidad concreta son los individuos, este o aquel hombre particular, este animal, esta planta; todas estas cosas son sustancias.
Las sustancias individuales son el sustrato o el sostén de otras formas de existencia, a estas formas de dependientes de la sustancia se las denomina categorías, ellas comprenden todo aquello que se puede decir o predicar de la sustancia y responden a la pregunta por el ¿cómo es?, en cambio, la sustancia responde a la pregunta por el ¿qué es?
¿Qué es la sustancia? Es un individuo. Es algo que posee una unidad intrínseca, algo que al separar sus partes deja de ser lo que era. Por ejemplo, si a una planta le arrancamos una flor, esa parte no sigue siendo una planta en su totalidad, es meramente una flor.
Las cosas son compuestos, de materia y forma, y de las que se predican categorías; están en acto y en potencia; y son debido a cuatro causas.
Las categorías son diez: sustancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, acción, pasividad, estado y posesión.

Las cosas cambian (el movimiento)

Aristóteles sostiene que se puede explicar el devenir que hay en el mundo usando las nociones de acto y potencia para entender que las cosas son al mismo tiempo una cosa en acto, y otra cosa en potencia.  Por ejemplo: un árbol es un árbol en acto, pero en potencia es leña. El día que lo corto deja de ser un árbol para convertirse en leña en acto. De este modo se pueden explicar el devenir y el cambio.

La teoría de las cuatro causas

Esta teoría le sirve a Aristóteles para explicar el porqué de las cosas: ¿por qué las cosas son como son?
Todas las cosas que existen, son debido a cuatro causas
1.      La causa eficiente: aquello que hace que la cosa sea
2.      La causa material: aquello de los cual está hecha la cosa, su sustrato.
3.      La causa formal: aquello que puede considerarse como la esencia de la cosa, lo que hace que una cosa sea esa cosa y no otra.
4.      La causa final: aquello que hace que la cosa llegue a ser lo que es, una tendencia, un impulso hacia el desarrollo de su esencia.

Para ejemplificar esta teoría, Aristóteles propone pensar en la realización de una estatua de mármol: la causa eficiente será el escultor que realiza la estatua, la causa material es el mármol del que está hecho la estatua, la causa formal es la idea de estatua que el escultor posee en su cabeza, y la causa final es la realización misma de la estatua.

viernes, 12 de mayo de 2017

Críticas de Aristóteles a Platón

Aristóteles se encargó de fijar su propia posición filosófica mediante una serie de críticas a su maestro. Aristóteles también afirma la “idea” -para emplear el término platónico-, lo universal; afirma lo racional y sostiene que el único objeto posible de conocimiento verdadero es la esencia, el ente inmutable que sólo nuestra razón capta.
Lo que no comparte con Platón es la supuesta necesidad de establecer dos mundos separados: segregar las ideas o esencias (“formas” las va a llamar Aristóteles) de las cosas sensibles, convertirlas en realidades independientes, es lo que no admite del platonismo.

Sus críticas que interesan pueden resumirse en cuatro puntos:
a) La filosofía platónica representa una innecesaria duplicación de las cosas. Platón afirma que hay dos mundos (el sensible y el inteligible), de esta manera complica la resolución del problema metafísico, es decir, determinar el fundamento de los entes: puesto que, en vez de explicar un mundo, habrá que explicar dos.
Hay un principio de “economía” del pensamiento, que Aristóteles no formulo explícitamente, pero que expresa muy bien su punto de vista respecto de este problema; el principio dice que “el número de los entes no ha de multiplicarse sin necesidad” (entia non sunt multiplicando praeter necessitatem). Esto significa que si se puede resolver un problema o explicar un fenómeno con ayuda de un solo principio, no hay porque hacerlo con dos o tres; la explicación más sencilla es preferible a la más complicada (siempre que esta sea una explicación suficiente, claro está). Y en la medida en que Platón postula dos mundo no hace más que complicar el problema.

b) La segunda crítica se refiere a como Platón intenta explicar la relación entre los dos mundos. Platón dice que las cosas sensibles participan o son copias de una idea, que es como su modelo. Pero según Aristóteles, expresiones como “participación”, “copia”, “modelo”, etc., no son en realidad verdaderas explicaciones; Platón no hace sino valerse de metáforas, y en lugar de aclarar conceptualmente la cuestión, como debiera hacer la filosofía, se refugia en imágenes literarias; en este sentido habría quedado atado al mundo de los mitos, es decir, a un mundo anterior a la aparición del pensamiento racional y científico.

c) En tercer lugar, Aristóteles afirma que no se ve cómo ni por qué, dada las ideas -que son estéticas, inmutables-, tenga que haber cosas sensibles -que son esencialmente cambiantes-. Supuesta la naturaleza inmutable, autosuficiente, de las ideas, no se comprende de manera ninguna como puede haber “causa” (tal como tiene que serlo, según Platón) de las cosas sensibles, de su generación y corrupción, de su transformación constante; lo permanentemente estático y siempre idéntico a sí mismo no puede ser causa del devenir. La idea de casa, por sí sola, nunca hará surgir la casa real (hará falta, además el arquitecto o el albañil, según Aristóteles).

d) Una cuarta crítica se conoce con el nombre de “argumento del tercer hombre“. De acuerdo con Platón, la semejanza entre dos cosas se explica porque ambas participan de la misma idea. Por ejemplo: Juan y Pedro son semejantes porque ambos participan de la idea de “hombre”. Pero como también hay semejanza entre Juan y la idea de hombre, será preciso suponer una nueva ideas – el “tercer hombre”- de la cual Juan y la idea de hombre participen y que explique su semejanza; y entre esta nueva idea, la anterior y Juan, habrá también semejanza…Lo cual claramente nos embarca en una serie infinita (regressus in infinitum) con la que nada se explica, puesto que con tal procedimiento no se hace más que postergar la explicación, de tal modo que el problema que da siempre abierto.

Conviene hacer dos observaciones con respecto a estas críticas, y en general respecto a las relaciones entre Aristóteles y su maestro. La primera es que estos reparos, en substancia, aparecen ya en el propio Platón -en el Parménides; son, pues, dificultades que el propio Platón encontró en su doctrina, y que lo llevaron a una profundización y revisión de la teoría de las ideas, especialmente a partir del Sofista. En segundo lugar, después de lo antes dicho conviene atenuar la contraposición de los dos filósofos, que quizás es más notable en las palabras que en las cosas mismas; las coincidencias, como por ejemplo, en la concepción ideológica de la realidad, o en la valoración de concepto frente a lo sensible, entre otras -señalan profundas afinidades de fondo. Es probable, por último, que las críticas de Aristóteles se refieran, más que a Platón mismo, a algunos de sus discípulos.

Fuente:

Carpio, Adolfo P. Principios de Filosofía, una introducción a su problemática. Editorial Glauco. Buenos Aires. (2004)

domingo, 7 de mayo de 2017

La Filosofía Griega clásica / Platón

Platón (427 - 347 AC)

Introducción

Platón pertenecía a una familia de nobles, por lo tanto era un ciudadano de la polis ateniense.
Vivió una  época de decadencia a nivel político en la polis.
Fue alumno de Sócrates, quien muere en 399 AC. Luego de la muerte de su maestro, Platón realiza una serie de viajes para sobrellevar este hecho que lo marcó fuertemente
En el año 388 AC volvió a  Atenas y abrió la Academia, donde fue maestro por cuarenta años, hasta su muerte.

Su obra filosófica consta de 36 escritos, en su mayoría diálogos, divididos en cuatro períodos:
·         Los diálogos socráticos: en los cuales Platón se inscribe en la mayéutica y trata de arribar a diferentes conceptos.
·         Los diálogos de juventud: en los cuales comienza a delinear su teoría
·         Los diálogos constructivos: en los que encontramos la Teoría de las Ideas
·         Los diálogos de madurez: en los que revisa y somete a crítica su propia teoría

El problema que Platón intenta resolver

Platón adhiere al conceptualismo socrático, y por tanto, considera que se puede conocer por medio de los conceptos, es decir, elevándose por encima de las sensaciones. Pero las especulaciones puramente filosóficas para esta época habían caído en el escepticismo gracias a los sofistas.
Por otra parte, en la realidad natural no aparecen los conceptos, los universales; sino que hay particulares, multiplicidades que podemos agrupar utilizando conceptos.

El mundo de las ideas y el mundo sensible

Platón razona del siguiente modo: nosotros poseemos y usamos conceptos todo el tiempo, y estos no son extraídos de los objetos sensibles y particulares, por lo tanto deben provenir de otro lado; su origen debe estar en nosotros.

Los conceptos se dividen en cuatro grupos:
·         Conceptos morales: de bondad, justicia, honradez, lealtad, etc.
·         Conceptos estéticos: de belleza o de placer, por ejemplo
·         Conceptos matemáticos: de círculo, triángulo, número, figura, etc.
·         Conceptos de especies vivientes: animal, caballo, hombre, gato, etc.

Platón concluye que todos estos conceptos deben estar en nuestra alma, ya que no provienen de la experiencia, puesto que nunca nadie tocó u olió un triángulo o la idea de justicia.
Y esos conceptos deben provenir de algo real, o sea que deben existir esencias reales que efectivamente existen y de las que provienen los conceptos que poseo.
Además, esos universales no pueden existir sólo en mi alma, puesto que otras personas también los conocen; entonces deben existir independiente de mí
A esas esencias a las que se refieren los conceptos las denominó Ideas o formas y las caracterizó diciendo que son: eternas, inmutables, universales, inmateriales, invisibles, únicas, necesarias, idénticas, perfectas, independientes, trascendentes[1] y modelos[2].
Para platón, el mundo de las ideas es la verdadera realidad, y nuestra alma tiene una intuición original[3] de ese mundo que es anterior a nuestra experiencia.
El mundo sensible, en cambio, se caracteriza porque allí todo se mueve, cambia y perece. Las cosas que encontramos en el mundo sensible son contingentes, particulares, materiales, visibles, múltiples, imperfectas, dependientes y copias de las ideas.
De este modo, Platón puede integrar las teorías del continuo devenir de Heráclito y la teoría del ser absoluto, eterno y cerrado de Parménides, colocando todo lo cambiante en el mundo sensible y todo lo eterno en el mundo inteligible.
El conocimiento

Para explicar el conocimiento, Platón utiliza dos alegorías:

La alegoría de la línea

               Mundo sensible                                                           Mundo de las ideas
 



imágenes                        cosas                             ideas matemáticas                ideas morales             
_________________________________________________________________________________   Idea de Bien

imaginación                 creencia                             entendimiento                       razón
 



                       opinión                                                                       ciencia
 


                  
                        cuerpo                                                                        alma

El hombre asciende por los diferentes grados de conocimiento porque hay un impulso que lo lleva a conocer, ese impulso es el Eros

La reminiscencia y la inmortalidad del alma

Para explicar cómo es que tenemos conocimiento de las esencias, Platón sostiene que el alma es inmortal, y que ésta habita en el mundo de las ideas cuando no está unida al cuerpo, por lo tanto, cuando el alma permanece en el verdadero mundo tiene contacto con las esencias, y posteriormente, cuando se une a un cuerpo, las cosas sensibles, que son copias de las ideas, le recuerdan al alma esas esencias que ya ha conocido anteriormente.
En este sentido, para Platón conocer no es otra cosa recordar algo que nuestra alma había olvidado.
A través del mito del caballo alado, Platón explica que durante su estadía en el mundo de las ideas, las almas están en contacto con diferentes ideas,  aunque no con todas, algunas almas intuyen la idea de justicia, otras la de bondad, otras las ideas matemáticas; por lo tanto, cuando estas almas vuelven al mundo sensible, el hombre que conforma puede conocer los conceptos con los cuales su alma estuvo en contacto previamente; pero si, por ejemplo, un alma no tuvo contacto con la idea de justicia, el hombre que posee esa alma no podrá reconocer actos justos ni podrá saber qué es la justicia en nuestro mundo, el sensible, pues, no se puede recordar lo que no se ha visto.
Este mito también le sirve a Platón para decir que por naturaleza, los hombres han nacido para dedicarse a determinadas cuestiones, es por el alma que poseen que deben dividirse y hacer lo que le corresponde a cada uno.
Así, distingue tres tipos de almas:
El alma racional: tiene que ver con el cerebro y con la prudencia, es la que poseen los gobernantes y filósofos
El alma irascible: tiene que ver con el corazón y la valentía, la poseen lo guerreros
El alma concuspiscible: tiene que ver con el estómago y con la templanza, la poseen los trabajadores y artesanos.
A esta distinción, el filósofo agrega la noción de justicia que establece que “cada uno debe hacer lo que le es propio” y así justifica la división de la sociedad en diversos grupos.

La participación

Luego de haber dividido a la realidad en dos partes, Platón debe explicar de qué manera se comunican las cosas con las ideas, cómo es que las ideas son modelos de las cosas y cómo es que las cosas son copias de las ideas. Para ello, utiliza el concepto de participación y dice que las cosas participan de las ideas, las imitan pero de un modo imperfecto.




[1] Están fuera del mundo natural.
[2] O paradigmas de las cosas sensibles.
[3] Este conocimiento a priori de las ideas es explicado por Platón a través del mito del caballo alado

domingo, 30 de abril de 2017

Platón: Alegoría de la caverna

PLATÓN, República, Libro VII, Ed. Gredos, Madrid 1992 (Traducción de C. Eggers Lan).

(514a) – Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, 1 como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
– Me lo imagino.
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
– Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? – Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
– Indudablemente.
– Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
– Necesariamente.
– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
– ¡Por Zeus que sí!
– ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
– Es de toda necesidad.
– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
– Mucho más verdaderas.
– Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
– Así es.
– Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
– Por cierto, al menos inmediatamente.
– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
– Sin duda.
– Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.
– Necesariamente.
– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
– Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
– Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
– Por cierto.
– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
– Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
– Sin duda.
– Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
– Seguramente.
– Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
– Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

La filosofía griega clásica/ Los filósofos presocráticos

  1. Los filósofos presocráticos

Los primeros pensadores griegos[1] que realizaron especulaciones filosóficas partieron de la pregunta por el origen del cosmos, por el principio de las cosas: ¿de dónde proviene todo?, ¿cuál es el origen del universo?, ¿cuál es la materia primigenia de la que todo es consecuencia?, ¿cuál es la sustancia fundamental que permanece a través de los cambios?
Predominó en este período la pregunta por el arché o fundamento de todas las cosas.
Y así es como se sucedieron diversas propuestas, en primer lugar surgió el naturalismo (preguntas acerca de la naturaleza) de la mano de la Escuela Jónica cuyos principales exponentes fueron Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes: ante la pregunta por la materia primordial de la que derivan todas las cosas, Tales responde que el agua, Anaxímenes sostiene que todo proviene del aire, y Anaximandro del infinito.
Posteriormente, los filósofos se plantean nuevas preguntas: ¿cómo es la realidad?, ¿hay algo en ella que permanece?, ¿o está en constante devenir? Los máximos exponentes de esta filosofía son Heráclito y Parménides, quienes sostienes posturas opuestas. Heráclito sostenía que todo lo que es, está en constante movimiento, fluye, cambia; que todo pasa y nada permanece. Parménides, en cambio, propone pensar a la realidad como un todo armónico, “el ser es” y allí está incluido el universo completo.
Finalmente, vino el auge del humanismo de la mano de un grupo de filósofos llamamos Los Sofistas efectuaron un giro en torno al objeto de la pregunta filosófica, la cual ya no buscaría el fundamento de todas las cosas en sustancias o elementos externos al sujeto, sino que proponía pensar al hombre como medida de todas las cosas. Estos filósofos se entrenaban en el dominio de la palabra para convencer a otros con argumentos infalibles. Un sofista, entonces, era una persona que podía argumentar en favor de una postura o su opuesta de modo efectivo, logrando vencer y convencer a su interlocutor.

  1. La mayéutica socrática en busca de los conceptos

Sócrates encarna el ideal de filósofo que nos representamos hasta nuestros días; un hombre que iba por la ciudad conversando con todos, cuestionando y haciendo preguntas acerca de obviedades, que no obstante, nadie podía responder. El método socrático, al que denominamos “la mayéutica”, consistía en la búsqueda de definiciones o conceptos por medio del diálogo y las preguntas reiteradas y reformuladas. “Solo sé que no sé nada”, con esta frase Sócrates quería representar la idea de que el conocimiento debe ser revisado, era una clara invitación a los jóvenes de la época a debatir y cuestionarse sus propias creencias. Sin dudas, Sócrates fue una personalidad muy importante pero esta actividad que desarrolló en la polis le costó la vida, hecho que impresionó fuertemente a su sucesor: Platón, quien lo incluyó en sus obras como el portavoz principal de su propia teoría[2].





[1] De los que se tiene registro a partir de su mención en obras de algunos filósofos que los precedieron.
[2] Hay que mencionar que es difícil separar al Sócrates histórico con  sus enseñanzas, del Sócrates como personaje presente en las obras de Platón, pero existe bastante consenso entre los investigadores del área en  lo que respecta a las características de la producción estrictamente platónica.

miércoles, 28 de enero de 2009

El significado del término “metá ta physiká” y las interpretaciones filosóficas que los comentadores griegos hicieron de la partícula “metá”

Julián Marías:

En el siglo I AC Andrónico de Rodas, al ordenar los libros que componen el corpus aristotélico, encuentra algunos cuya denominación es problemática en relación con los demás; no obstante, decide ubicarlos después de los libros de física. Por lo que “tá metá ta physiká” significa “los libros después de los físicos”. Entonces, “metafísica” resulta de la supresión de los artículos y fusión de la preposición con el nombre; así, a partir de cuatro palabras surge una, aunque esta unificación no acontece en el griego sino en el latín por medio de la traducción del árabe (Averroes). Sin embargo, el término metafísica no es una invención latina sino una trascripción alterada en forma nominal y sin traducir; no es un concepto sino una expresión retórica y poética; un vocablo arbitrario y de origen azaroso. Aristóteles nunca utilizó el término “metafísica”, en su lugar la denominó de cuatro modos diferentes: 1. Sabiduría: sophía 2. Filosofía primera: próte philosophía 3. Ciencia buscada: zetouméne Episteme 4. Teoría de la verdad: tes aletheías theoría Giovanni Reale:

Aunque coincide con Julián Marías en el origen del término “metafísica”, sostiene que el motivo por el cual se le dio posteriormente esta denominación no es azaroso, por el contrario, es de carácter ontológico: “metá” significa “más allá” por lo que se refiere a lo que se encuentra más allá (o por encima) de lo físico; es decir, los entes “transfísicos”. Las expresiones empleadas con mayor frecuencia por Aristóteles fueron las de “filosofía primera” y “teología”, en contraposición con la “filosofía segunda” o “física”. Los Neoplatónicos (Simplicio):

Efectúan una interpretación ontológica. La denominación “metafísica” se refiere a la naturaleza de los objetos propios de la disciplina (a la organización jerárquica de los mismos). En este sentido, la metafísica es la ciencia de lo “suprafísico” o “transfísico”; es decir, de aquello que está más allá de lo físico. Los Peripatéticos o Post-aristotélicos (Alejandro de Afrodisia):

Realizan una interpretación de carácter gnoseológico; es decir que la partícula “metá” correspondería más al modo de conocer que al objeto. Si bien las entidades metafísicas son anteriores a las físicas en el plano ontológico, en el plano gnoseológico son posteriores, por lo que “metá” no es tomado como “más allá” sino como “después de”.