Al
final de la Alegoría de la caverna se hace mención de las dificultades que tendría el
prisionero liberado si tuviera que volver al encierro para mostrarles la verdadera
realidad a los demás prisioneros, Platón menciona la imposibilidad que tendría
el hombre liberado para volver a adaptarse a la oscuridad de la caverna, y
sostiene que los otros prisioneros seguramente se burlarían de él por no poder distinguir
correctamente las sombras proyectadas en el fondo de la caverna.
Podríamos
interpretar esta metáfora como una forma de decir de Platón que la gente común
que no accede a los verdaderos conocimientos no puede comprender al que sí lo
hace, y por tal motivo se burla de su forma particular de comprender el mundo;
no hay que perder de vista que aquí el liberado de la caverna representa al
verdadero filósofo, quien estará capacitado para gobernar la República, por
haber accedido a la verdad, al conocimiento de los valores más altos de la
polis, y siguiendo la enseñanza socrática que sostiene que, se obra bien por
sabiduría y mal por ignorancia, es este prisionero liberado quien puede obrar
justamente, con valentía y sabiduría; y de allí la fuente de su poder (el
conocimiento verdadero)
Tomando en cuenta el contexto, es entendible que el pueblo no lo comprenda, que se burle de él y que
incluso quiera matarlo, tal como sucedió con Sócrates, el hombre más sabio de
Atenas para los ojos de Platón.
Aquí
hay una crítica, una denuncia, una observación de Platón, que sigue vigente y
no sólo en el ámbito educativo: el que se atreve a ver la realidad de otro
modo, a cuestionar las verdades establecidas y el orden instaurado es objeto de
burla, está loco, se sale de lo normal, y hay que eliminarlo.
Una
vez liberado, el prisionero de la caverna comienza a observar los objetos
reales, primero a través de sus reflejos en el agua, luego por las noches a la
luz de la luna, y finalmente en forma directa y a la luz del sol; con este
astro identifica Platón la idea de Bien, la cual está en el límite del mundo
inteligible, al final del recorrido del hombre que conoce verdaderamente, y así
como el sol ilumina todas las cosas para que podamos verlas, la idea de Bien es
la causa de todo lo que podemos conocer como verdadero. Acceder a la idea de
Bien es el fin último del verdadero filósofo.
Los
hombres que están más cerca de la instancia de bien y de verdad aspiran a
mantenerse en un nivel superior y no quieren dedicarse a los asuntos humanos,
pues quieren para sí una vida enfocada a lo sublime.
La
concepción de educación que subyace en estas páginas y que está relacionada con
las enseñanzas de Sócrates que recuperan sus discípulos, sostiene que todos los
hombres tienen en su alma la capacidad de aprender pero para acceder al
conocimiento deben dirigirse hacia el bien, Platón usa la metáfora de los ojos
y la luz para explicar que al conocimiento se llega apartando la mirada de la
oscuridad y dirigiéndola hacia la luz, la cual, como sabemos, representa la
Idea de Bien.
La
educación consiste en el arte de dirigir a los otros para que orienten su
facultad de conocimiento hacia el bien, hacia la luz, hacia la verdad. Aquí se
puede ver la relación que establece Sócrates entre el bien y la verdad, dos de
los valores morales más importantes para los griegos, pues se sostiene aquí que
quien obra bien lo hace por conocimiento y quien ora mal lo hace por
ignorancia, y este último es el hombre que más daño puede hacerle a la Polis.
Los
hombres preparados para gobernar son aquellos que, habiendo accedido al
conocimiento, están dispuestos a mantenerse en la sublime tarea de dirigir a
los demás para que estos también puedan acceder al conocimiento, a pesar de las
burlas y siempre con vistas a permanecer cerca de la Idea de Bien, ajustándose
a la ley, pues la ley no se propone la felicidad de unos pocos, sino el
bienestar de todos.
Los
filósofos que aspira formar Platón-Sócrates serán capaces de unir la política y
la filosofía, pues una vez que accedieron a las ideas de belleza, bondad y
verdad podrán organizar mucho mejor la ciudad y también ayudar a sus
conciudadanos a vivir mejor.
El
hombre feliz debe ser rico en virtud y en sabiduría.
En 521 a-b Platón
sostiene que los destinados a mandar no pueden encontrar una vida mejor que la
del gobernante, y obrarán justamente por haber accedido al verdadero
conocimiento; más si gobernaran hombres que no hubieran accedieron a estos
valores morales superiores, ellos caerían en la perdición arrastrando consigo a
la ciudad entera.
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