sábado, 30 de mayo de 2020

La educación en La República de Platón

Al final de la Alegoría de la caverna se hace mención de las dificultades que tendría el prisionero liberado si tuviera que volver al encierro para mostrarles la verdadera realidad a los demás prisioneros, Platón menciona la imposibilidad que tendría el hombre liberado para volver a adaptarse a la oscuridad de la caverna, y sostiene que los otros prisioneros seguramente se burlarían de él por no poder distinguir correctamente las sombras proyectadas en el fondo de la caverna.

Podríamos interpretar esta metáfora como una forma de decir de Platón que la gente común que no accede a los verdaderos conocimientos no puede comprender al que sí lo hace, y por tal motivo se burla de su forma particular de comprender el mundo; no hay que perder de vista que aquí el liberado de la caverna representa al verdadero filósofo, quien estará capacitado para gobernar la República, por haber accedido a la verdad, al conocimiento de los valores más altos de la polis, y siguiendo la enseñanza socrática que sostiene que, se obra bien por sabiduría y mal por ignorancia, es este prisionero liberado quien puede obrar justamente, con valentía y sabiduría; y de allí la fuente de su poder (el conocimiento verdadero)

Tomando en cuenta el contexto, es entendible que el pueblo no lo comprenda, que se burle de él y que incluso quiera matarlo, tal como sucedió con Sócrates, el hombre más sabio de Atenas para los ojos de Platón.

Aquí hay una crítica, una denuncia, una observación de Platón, que sigue vigente y no sólo en el ámbito educativo: el que se atreve a ver la realidad de otro modo, a cuestionar las verdades establecidas y el orden instaurado es objeto de burla, está loco, se sale de lo normal, y hay que eliminarlo.

Una vez liberado, el prisionero de la caverna comienza a observar los objetos reales, primero a través de sus reflejos en el agua, luego por las noches a la luz de la luna, y finalmente en forma directa y a la luz del sol; con este astro identifica Platón la idea de Bien, la cual está en el límite del mundo inteligible, al final del recorrido del hombre que conoce verdaderamente, y así como el sol ilumina todas las cosas para que podamos verlas, la idea de Bien es la causa de todo lo que podemos conocer como verdadero. Acceder a la idea de Bien es el fin último del verdadero filósofo.

Los hombres que están más cerca de la instancia de bien y de verdad aspiran a mantenerse en un nivel superior y no quieren dedicarse a los asuntos humanos, pues quieren para sí una vida enfocada a lo sublime.

La concepción de educación que subyace en estas páginas y que está relacionada con las enseñanzas de Sócrates que recuperan sus discípulos, sostiene que todos los hombres tienen en su alma la capacidad de aprender pero para acceder al conocimiento deben dirigirse hacia el bien, Platón usa la metáfora de los ojos y la luz para explicar que al conocimiento se llega apartando la mirada de la oscuridad y dirigiéndola hacia la luz, la cual, como sabemos, representa la Idea de Bien.

La educación consiste en el arte de dirigir a los otros para que orienten su facultad de conocimiento hacia el bien, hacia la luz, hacia la verdad. Aquí se puede ver la relación que establece Sócrates entre el bien y la verdad, dos de los valores morales más importantes para los griegos, pues se sostiene aquí que quien obra bien lo hace por conocimiento y quien ora mal lo hace por ignorancia, y este último es el hombre que más daño puede hacerle a la Polis.

Los hombres preparados para gobernar son aquellos que, habiendo accedido al conocimiento, están dispuestos a mantenerse en la sublime tarea de dirigir a los demás para que estos también puedan acceder al conocimiento, a pesar de las burlas y siempre con vistas a permanecer cerca de la Idea de Bien, ajustándose a la ley, pues la ley no se propone la felicidad de unos pocos, sino el bienestar de todos.

Los filósofos que aspira formar Platón-Sócrates serán capaces de unir la política y la filosofía, pues una vez que accedieron a las ideas de belleza, bondad y verdad podrán organizar mucho mejor la ciudad y también ayudar a sus conciudadanos a vivir mejor.

El hombre feliz debe ser rico en virtud y en sabiduría.

En 521 a-b Platón sostiene que los destinados a mandar no pueden encontrar una vida mejor que la del gobernante, y obrarán justamente por haber accedido al verdadero conocimiento; más si gobernaran hombres que no hubieran accedieron a estos valores morales superiores, ellos caerían en la perdición arrastrando consigo a la ciudad entera.


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