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lunes, 28 de septiembre de 2020

Peter Strawson: Análisis y Metafísica, Capítulo 2: ¿Reducción o conexión? Conceptos básicos.

 Strawson considera la noción de análisis y distingue dos modelos bajo los cuales puede entenderse el análisis filosófico: el modelo reductivo atomista y el modelo de la conexión.

El modelo reductivo atomista de análisis propone la descomposición de los conceptos en sus componentes atómicos mediante un proceso de simplificación al modo del análisis propuesto por Descartes en una de las reglas del método para la construcción de un conocimiento nuevo; y como su nombre lo indica, este método sugiere reducir conceptos complejos a sus componentes simples. El modelo de la conexión, que a Strawson le resulta más fructífero y realista que el anterior, consiste en la elaboración de una red conectiva y sistemática que une conceptos entre sí, no ya en este caso según una relación jerárquica, sino tomando en cuenta las diversas relaciones que se pueden establecer entre los distintos conceptos.

El problema en el que podría caerse utilizando el tipo de análisis reductivo atomista es incluir un concepto en su misma definición, es decir, se trataría de definir un concepto haciendo una autorreferencia y cayendo así en un círculo cerrado.

Strawson considera que utilizando el esquema de análisis conectivo se puede establecer un círculo mucho más amplio y no tan cerrado sobre sí mismo, como en el caso del análisis atomista que tiene en su contra justamente la jerarquización arbitraria de los conceptos que utiliza, por lo cual su estructura es mucho más rígida. El modelo de la conexión, en cambio, no está sujeto únicamente a este tipo de relación, y por lo tanto es mayor su dominio de conexiones así como las explicaciones que puede arrojar.

 

En la página 65, Strawson se pregunta dónde deben buscarse  los conceptos básicos una vez que se ha retirado la confianza en el modelo reductivo, pero ¿qué papel juega en el modelo reductivo la noción de elementos básicos? y ¿qué camino sugiere Strawson en la búsqueda de tales conceptos dentro del modelo de la conexión?

Los elementos simples son los ingredientes básicos de la estructura conceptual en el esquema de análisis reductivo; los átomos a partir de los cuales se pueden explicar las moléculas que vendrían a ser justamente los conceptos más complejos que se intentan explicar.

Strawson propone buscar estos elementos básicos en la vida ordinaria, apelando al uso de los conceptos preteóricos provenientes de la vida cotidiana.

Los conceptos básicos deben ser generales (no concretos), necesarios (no contingentes) e irreductible (atómico), y por otra parte, deben estar conectados entre sí (formando una estructura) para dar razón (explicar) del mundo que nos rodea.

La relevancia del hallazgo de tales conceptos tiene que ver con el uso, contingente o necesario, que hagamos de los mismos. Strawson utiliza el ejemplo del concepto de “experiencia” para explicar la relevancia de su hallazgo y de su utilización a la hora de entender nuestra relación con el mundo que nos rodea, en tal sentido, la noción de “experiencia” en un elemento necesario de nuestra estructura conceptual para el desarrollo de una filosofía que se ocupe, por ejemplo, del tema del conocimiento.

En lugar de proponer conceptos básicos Strawson considera lo que él llama "estructura conceptual básica" y ofrece dos versiones de ella, una fuerte y una más débil. 

La estructura conceptual básica es una red de conceptos o nociones básicos que se relacionan necesariamente para dar razón de algo. La versión más fuerte de esta estructura es más exigente y se constituye en una suerte de escepticismo extremo respecto de algunas cuestiones (el ejemplo planteado por Strawson es el de las categorías a priori kantianas que separan los cognoscibles de los meramente pensables); la versión más débil en cambio, pareciera ofrecer un campo menos rígido en el cual la experiencia pueda desenvolverse más ampliamente estableciendo conexiones más ricas.

Para continuar con el planteo expuesto por Strawson y tomando como ejemplo la teoría epistemológica kantiana, se podría decir que tanto en la estética trascendental como en la lógica trascendental, se proponen dos esquemas sumamente fructíferos a la hora de explicar las relaciones que el hombre puede establecer con el mundo en su intento por resolver exitosamente el problema del conocimiento, en al sentido parece no haber a primera vista objeciones en torno a la relevancia de las formas puras a priori en cada uno de los casos mencionados para la construcción de dos tipos de conocimiento cierto y válido; asimismo, y entendiendo a la experiencia como un espacio de adecuación mutua entre realidad y facultades del individuo, podría aceptarse rápidamente la idea de que existen rasgos de carácter esencial y necesario en este tipo de intercambio. No obstante, queda abierta - a mi humilde entender - la cuestión acerca de los contenidos captables por medio de la razón, los cuales aunque inaprehensibles por medio de la sensibilidad y el entendimiento, parecieran erigirse como interrogantes necesarios en todas las culturas y tradiciones a lo largo de la historia de la filosofía.

Peter Strawson: Análisis y Metafísica Capítulo 1: La filosofía analítica: dos analogías

 

Peter Strawson presenta dos analogías con las que pretende un acercamiento a la definición del proceder filosófico.

En primer lugar plantea la analogía propuesta por Wittgenstein, en la cual se comparan los problemas filosóficos con enfermedades que deben ser tratadas y erradicadas, la tarea del filósofo con la del terapeuta que intentará solucionar los problemas filosóficos que son producto del entendimiento errático, y por último a la filosofía con la terapia, en tanto que saber reparador que serviría para encaminar al entendimiento por la vía correcta del pensamiento. En esta primera analogía se plantea que el motivo por el cual el filósofo ha caído en el error es el uso incorrecto del lenguaje, y por lo tanto, la cura o la terapia filosófica estará ligada a un uso correcto del mismo.

En segundo lugar, plantea una analogía entre la filosofía y la gramática, donde, al igual que un gramático que expone la estructura y la funcionalidad del lenguaje, el filósofo se ocupará de develar cual es la estructura conceptual que se encuentra por debajo de los argumentos filosóficos.

Esta segunda analogía es la que a Strawson le resulta más prometedora, puesto que considera que la tarea del filósofo es la de develar la estructura del pensamiento por medio de un análisis de las relaciones entre conceptos, lo cual le permitirá acceder al conocimiento de lo real, es decir, se está presuponiendo aquí una adecuación del pensamiento a la realidad que permitiría el conocimiento, concepción que resulta a simple vista para Strawson, al menos prometedora y plausible.

El filósofo analítico entendido como terapeuta se limitaría, para Strawson, a aplicar una técnica para resolver un problema. En la analogía terapéutica se comparan: a los conflictos personales con los conflictos filosóficos causados por el mal uso del lenguaje, que produce confusiones, embrollos y absurdos; a los filósofos con terapeutas, en tanto que técnicos que indican cómo se debe proceder a la hora de pensar para no caer en confusiones; y a la filosofía con la terapia, entendida esta última como un procedimiento para dirigir correctamente el pensamiento.

Los problemas filosóficos surgen cuando no se realiza un uso correcto del lenguaje, entonces el entendimiento se ve atrapado entre paralogismos, absurdos y confusiones, en los que cae, justamente, por otorgar al lenguaje la libertad de construir enunciados utilizando significantes que están alejados del significado al que el uso cotidiano ha unido. La resolución de tales problemas estará ligada a un correcto uso del lenguaje para desarrollar así un pensamiento también correcto. 

Strawson sostiene que si bien la analogía terapéutica merece ser tenida en cuenta, la imagen del filósofo analítico como terapeuta le resulta exagerada y unilateral, y que a otros podría incluso parecerle increíble y chocante.

Pensemos que ambas analogías plantean un tema central para desatar los nudos metafísicos y gnoseológico – me refiero a la cuestión del lenguaje -, que a lo largo de la historia de la filosofía se constituyen como problemas centrales; pero plantear al filósofo como un sujeto externo al lenguaje, desvincularlo de la producción histórica de significados, situarlo por fuera de los conflictos como si a priori el mundo estuviese dotado de problemas y de estructuras lingüísticas que el filósofo no puede más que interpretar, me parece un tipo de reduccionismo como mínimo inocente, y hasta irresponsable; considero también que estamos en tiempos en los que no se puede sostener una metafísica que no considere al hombre como un constructor activo de la realidad, que en una relación dialéctica con su entorno se modifica, al mismo tiempo que construye, incorpora y revisa la estructura de significados que media - si es que se puede plantear aún que hombre y contexto son dos realidades separadas - entre el filósofo y la filosofía.

El autor plantea una objeción a la analogía entre la filosofía y la gramática, la cual consiste en pensar que muchas veces utilizamos conceptos y nociones sin la necesidad de saber el significado último de los mismos; o sea, en la práctica cotidiana el lenguaje no debe ser necesariamente analizado y decodificado a priori para su uso correcto. Las personas utilizamos conceptos antes de que sus significados sean explicitados por las vías tradicionales de enseñanza.

Luego responde a esta objeción planteando que la enseñanza explícita de la gramática de los conceptos que utilizamos para hacer filosofía, es una práctica que se apoya y presupone el uso correcto de dichas nociones, de modo que la enseñanza del funcionamiento gramatical sería una mera explicitación teórica de un conocimiento instrumental que adquirimos por medio de la práctica. La filosofía en estos términos, se limitaría a ser un saber explicativo.   

La segunda objeción planteada por Strawson consiste en preguntarse por qué sería mejor pensar a la actividad filosófica en analogía con la gramática en vez de utilizar la analogía wittgensteiniana de la terapia; a lo que responde que la analogía gramatical es preferible por ser de carácter positivo, en tanto que permitiría añadir una comprensión teórica de un conocimiento práctico que ya poseemos.

Ambas analogías comparten, en primer lugar, el interés y la consideración de la importancia del uso de los conceptos; y en segundo lugar, la creencia en la existencia de una verdad real que puede ser desentrañada por medio de un correcto uso de los conceptos. En cambio, se diferencian en que mientras que la analogía con la terapia, según Strawson, se concibió con un espíritu negativo, como una guía metodológica cuya finalidad consiste en liberarnos de las confusiones en las que cae el entendimiento debido al incorrecto uso del lenguaje; la analogía gramatical por su parte, se presenta como un ejercicio intelectual que persigue la comprensión de la estructura teórica y conceptual subyacente a la estructura lingüística por medio de la cual interactuamos con el mundo que nos rodea.