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sábado, 30 de mayo de 2020

Sócrates

Sócrates (470 – 399 AC) fue un filósofo griego se caracterizó por la búsqueda de verdades universales por medio de un procedimiento dialéctico, mediante el cual interpelaba a los hombres importantes de la época para que estos le expliquen en qué consisten ciertos conceptos universales tales como la verdad, la justicia, el amor, y la valentía por ejemplo.

Sus sentencias más conocidas son “conócete a ti mismo” y “sólo sé que no sé nada”. Justamente, al reconocer su incapacidad de considerarse un sabio, pues era consciente de que no tenía todas las respuestas, Sócrates se definía como un filósofo, como una persona que busca constantemente el conocimiento y no como un sabelotodo que no se cuestiona sus propios pensamientos, y tal vez fue justamente por este proceder que se convirtió en el hombre más sabio de su época.

Entre sus discípulos se encontró el filósofo Platón, quien tomó a Sócrates como uno de los personajes principales de sus diálogos filosóficos; existen muchas dudas acerca de cuándo se hace presente en las palabras de Platón el Sócrates histórico y cuándo habla el personaje, lo cierto es que Sócrates influyó fuertemente en la vida y la obra de su discípulo, como así también en el resto de los filósofos que lo sucedieron.

Por no haber dejado una obra escrita, se compara a Sócrates con Jesús, de quien tampoco tenemos registros provenientes de su puño y letra; de ambos no hay más que testimonios de terceros, descripciones de personas que los conocieron y que dejaron plasmados en diferentes obras fragmentos de sus enseñanzas orales. Además, ambos desafiaron a los poderosos de su época y también manejaban muy bien la dialéctica, es decir el arte de intercambiar argumentos con un interlocutor. Finalmente, otra similitud es la de ser condenados a muerte injustamente.

A diferencia de los Sofistas, quienes sostenían la importancia de la retórica para la construcción de argumentos irrefutables - aunque independientes de una verdad absoluta - Sócrates sostenía que el conocimiento no está dado por la correcta argumentación únicamente, sino que además tiene que tener a la verdad como sustento, es decir, que no alcanza con convencer al otro para demostrar que estoy en lo cierto, sino que además tengo que poder dar cuenta de aquello de lo que estoy hablando, conocerlo realmente.

Los Sofistas por su parte, enseñaban el arte o la técnica de la argumentación, la cual estaba impulsada por los fines, el de convencer al contrincante en una discusión, y el de rebatir los argumentos contrarios a los propios; conformaban un grupo de personas que iban de ciudad en ciudad enseñando estas técnicas a personas que podrían necesitar de estos procedimientos en las asambleas públicas o ante algún tribunal. Para los Sofistas, no existía “la verdad” sino las verdades bien enunciadas y defendidas; esto trajo como consecuencia una subjetivación o parcialización de la verdad, es decir, que la verdad se tornó relativa y con ella la realidad en su conjunto se volcaba inevitablemente al relativismo.

Sócrates se oponía a esta concepción de la verdad y de la realidad, él sostenía que existen verdades universales a las que los individuos pueden acceder si un buen maestro los guía; el conocimiento se encuentra en el interior de cada uno, el maestro puede hacer por medio de preguntas, que uno acceda a este saber; este método por el cual el maestro guía al alumno para que llegue a la verdad por medio de preguntas se denomina mayéutica.

Este proceder socrático, que consistía en interrogar al otro acerca de sus propios conocimientos en cuanto a diferentes cuestiones de importancia para la polis incomodó a las personas más poderosas de la época, quienes no se sentían a gusto siendo cuestionados relación con sus conocimientos y su desempeño, al quedar en evidencia que estas ignoraban en qué consisten valores tales como la justicia, la valentía o la virtud, había allí una crítica muy fuerte en torno al poder, pues si quien tiene que administrar la justicia, por ejemplo, no puede definirla, ¿en qué saber reside su poder de decidir cuándo un acto es justo o no?. Como consecuencia de esta incomodidad, los sectores más poderosos comenzaron a ver en Sócrates una amenaza a su poder y al orden de la polis, para los sectores más jóvenes, en cambio, Sócrates representaba la crítica y la rebelión al orden establecido, y por lo tanto, tenía muchos discípulos que buscaban aprender de él.

Sócrates es condenado a muerte por corromper a los jóvenes y por contradecir las verdades de los dioses, y aunque hubiera podido evitar la cicuta y seguir con vida pero en el exilio, él negó los cargos y eligió morir defendiendo su postura antes que dejar de ser un ciudadano de la polis.

La búsqueda de valores universales constituye una base para la construcción de una sociedad menos corrupta e injusta, era una necesidad para la Atenas clásica y lo sigue siendo actualmente.

Saber en qué consiste la justicia nos permite diferenciar los actos justos de los injustos, lo mismo ocurre con el resto de los valores de nuestra sociedad, y para acceder a ellos no tenemos más que volvernos hacia nosotros mismo y preguntarnos por sus definiciones, no hay quien no pueda acceder a estas nociones, sólo se trata de hacer las preguntas correctas para llegar al conocimiento; a su vez, el acceso al conocimiento lleva a las personas a realizar las acciones morales correctas, pues quien no obra bien, no lo hace por maldad sino por ignorancia; por esto es tan importante llegar al conocimiento, para mejorar nuestra sociedad.


domingo, 30 de abril de 2017

La filosofía griega clásica/ Los filósofos presocráticos

  1. Los filósofos presocráticos

Los primeros pensadores griegos[1] que realizaron especulaciones filosóficas partieron de la pregunta por el origen del cosmos, por el principio de las cosas: ¿de dónde proviene todo?, ¿cuál es el origen del universo?, ¿cuál es la materia primigenia de la que todo es consecuencia?, ¿cuál es la sustancia fundamental que permanece a través de los cambios?
Predominó en este período la pregunta por el arché o fundamento de todas las cosas.
Y así es como se sucedieron diversas propuestas, en primer lugar surgió el naturalismo (preguntas acerca de la naturaleza) de la mano de la Escuela Jónica cuyos principales exponentes fueron Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes: ante la pregunta por la materia primordial de la que derivan todas las cosas, Tales responde que el agua, Anaxímenes sostiene que todo proviene del aire, y Anaximandro del infinito.
Posteriormente, los filósofos se plantean nuevas preguntas: ¿cómo es la realidad?, ¿hay algo en ella que permanece?, ¿o está en constante devenir? Los máximos exponentes de esta filosofía son Heráclito y Parménides, quienes sostienes posturas opuestas. Heráclito sostenía que todo lo que es, está en constante movimiento, fluye, cambia; que todo pasa y nada permanece. Parménides, en cambio, propone pensar a la realidad como un todo armónico, “el ser es” y allí está incluido el universo completo.
Finalmente, vino el auge del humanismo de la mano de un grupo de filósofos llamamos “Los Sofistas” efectuaron un giro en torno al objeto de la pregunta filosófica, la cual ya no buscaría el fundamento de todas las cosas en sustancias o elementos externos al sujeto, sino que proponía pensar al hombre como medida de todas las cosas. Estos filósofos se entrenaban en el dominio de la palabra para convencer a otros con argumentos infalibles. Un sofista, entonces, era una persona que podía argumentar en favor de una postura o su opuesta de modo efectivo, logrando vencer y convencer a su interlocutor.

  1. La mayéutica socrática en busca de los conceptos

Sócrates encarna el ideal de filósofo que nos representamos hasta nuestros días; un hombre que iba por la ciudad conversando con todos, cuestionando y haciendo preguntas acerca de obviedades, que no obstante, nadie podía responder. El método socrático, al que denominamos “la mayéutica”, consistía en la búsqueda de definiciones o conceptos por medio del diálogo y las preguntas reiteradas y reformuladas. “Solo sé que no sé nada”, con esta frase Sócrates quería representar la idea de que el conocimiento debe ser revisado, era una clara invitación a los jóvenes de la época a debatir y cuestionarse sus propias creencias. Sin dudas, Sócrates fue una personalidad muy importante pero esta actividad que desarrolló en la polis le costó la vida, hecho que impresionó fuertemente a su sucesor: Platón, quien lo incluyó en sus obras como el portavoz principal de su propia teoría[2].





[1] De los que se tiene registro a partir de su mención en obras de algunos filósofos que los precedieron.
[2] Hay que mencionar que es difícil separar al Sócrates histórico con  sus enseñanzas, del Sócrates como personaje presente en las obras de Platón, pero existe bastante consenso entre los investigadores del área en  lo que respecta a las características de la producción estrictamente platónica.