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viernes, 2 de mayo de 2014

Apuntes sobre Hume y su "Investigación sobre el entendimiento humano" II (la idea de conexión necesaria y el escepticismo)


En la sección 7 de su libro "Investigación sobre el entendimiento humano", Hume explica cuál es el origen de la idea de conexión necesaria:

La idea de conexión necesaria la extrajimos del hecho simple de observar que habitualmente ocurre un suceso determinado a continuación de otro, pero no somos capaces de observar esa conexión, energía o vínculo que situamos, no obstante como indiscutible, entre una causa determinada y su supuesto efecto.

No hay en la naturaleza un solo caso en el que podamos observar esta relación causal, todos los acontecimientos aparecen sueltos y separados, el vínculo no es observable.

Entonces, sólo llamamos causa y efecto a los objetos arbitrariamente y suponemos que hay una conexión entre ellos.

La idea de conexión necesaria surge del hábito de observar que dos o más elementos se presentan conjuntados, de la repetición de casos similares; la mente es conducida por el hábito a esperar que un suceso sea acompañado de su usual compañero.

Esta conexión que sentimos en la mente, esta transición de la representación de un objeto a su acompañante usual es el sentimiento o impresión a partir del cual formamos la idea de conexión necesaria, nunca encontraremos otro origen para esta idea.
                       

Cuando decimos que dos objetos están conectados, solo queremos decir que han adquirido esa conexión en nuestro pensamiento; esta es una conclusión escéptica: muestra la debilidad y los estrechos límites de la razón y la capacidad humanas; queda demostrada aquí la debilidad del entendimiento.

Si existe alguna relación entre objeto que nos interesa conocer, esa es sin dudas la relación causal; en ella se fundan todos nuestros razonamientos acerca de las cuestiones de hecho, la posibilidad de predecir fenómenos, muchos experimentos e investigaciones giran en torno y se apoyan en este principio. pero tan imperfectas son las ideas que nos hacemos de ella que nos es imposible dar una definición justa de causa.

La idea de poder o conexión es tan relativa como la de causa.

"sólo tenemos en cuenta la experiencia de la conjunción constante de sucesos, y puesto que sentimos una conexión usual entre ideas, proyectamos ese sentimiento sobre los objetos, ya que nada es más usual que aplicar a objetos externos las sensaciones internas que ocasionan"

Resumiendo: toda idea es copia de un sentimiento o una impresión, si no hay impresión no hay idea, la idea de conexión de necesaria no deriva de una impresión sino de un sentimiento: el sentimiento de que hay una conexión entre un objeto y su acompañante usual.

Imagino que cuando Kant dice "Hume me despertó de mi sueño dogmático" se está refiriendo a esta cuestión, y entiendo que la separación de los cognoscibles de los pensables, es un intento de solucionar este problema de la limitación del entendimiento planteado por Hume; la imposibilidad de la causalidad y de la existencia de ideas innatas debe haber impulsado a Kant a postular la existencia de las ideas trascendentales como contenidos pensables por medio de la razón pero incognoscibles por medio del entendimiento; y las formas puras a priori  tanto del entendimiento como de la sensibilidad vendrían a ordenar un poco las relaciones de conocimiento que en Hume no están garantizadas.

Apuntes sobre Hume y su " Investigación sobre el entendimiento humano" I

Hume formula y explica el principio empirista sobre el origen de las ideas en la sección 2 de su libro "Investigación sobre el entendimiento humano":



Las facultades mentales imitan y copian las impresiones de los sentidos, pero nunca tendrán la vivacidad de la experiencia original.

Incluso el pensamiento más intenso es inferior a la sensación más débil.

Las percepciones de la mente son de dos clases y se distinguen por su fuerza o vivacidad: las menos fuertes son los pensamientos o ideas, de los que tenemos conciencia; y las impresiones son nuestras percepciones más intensas.

Nada parece más ilimitado que el pensamiento del hombre, pareciera no estar encerrado dentro de los límites de la naturaleza. Puede formar y unir formas y apariencias incongruentes, puede incluso transportarnos más allá del universo, lo que nunca se vio, puede sin embargo concebirse.

Pero si examinamos esta cuestión detenidamente veremos que esta libertad ilimitada del pensamiento es aparente, ya que todo el poder creativo de simplemente la facultad de mezclar, aumentar o disminuir los contenidos aportados por los sentidos y la experiencia. Todos los materiales del pensar se derivan de nuestra percepción intenta o externa. Todas nuestras ideas o percepciones más endebles son copias de nuestras impresiones o percepciones más intensas.

 

El primer argumento que Hume formula a continuación para demostrar que el origen de las ideas es empírico, plantea lo siguiente:

Todas nuestras ideas, incluso las más complejas, pueden descomponerse en sus elementos simples

Por ejemplo, la idea de Dios, surge de aumentar infinitamente las cualidades de bondad y sabiduría, y así tenemos la idea de un ser infinitamente perfecto, bueno, sabio, inteligente,... Toda idea que examinemos será copia de una impresión similar.

 

martes, 25 de agosto de 2009

A propósito de Hartman y jugando el viejo juego de conocer

Al tomar la teoría de Hartman como un molde en el cual la historia ha volcado sus corrientes filosóficas para explicar la relación de conocimiento, diría que es indudable que los elementos problemáticos de la aporética constituyen los ejes centrales a partir de los cuales se puede empezar a construir una postura gnoseológica sólida.
Pero, es imposible pensar el conocimiento únicamente en términos de sujeto – objeto – criterio de verdad. Semejante tipo de razonamiento no deja de girar en círculos en torno a lo mismo.
Y si no, piénsese en él de modo clásico: como esquema útil para desligarse de garantías trascendentales respecto del aprehender, más inmensamente ineficaz para explicar el conocimiento en contexto; donde sujeto implique: subjetividad, afecciones, relación con la otredad y con la cultura; donde objeto implique: mundo como red de significados construidos en el lenguaje, como entorno en movimiento, contingente, sobrecargado de objetos de consumo, de uso, para el goce o el placer, recorte de lo real que se bifurca y muta; y verdad como construcción histórica, política, cultural, ideológica, consensuada, artificial,…

Aporética – Teorética, en estos términos, no es aplicable más que a los fines de un ejercicio intelectual:
Si no existe un criterio de verdad objetivo y universal, el conocimiento es posible y no hay lugar para la duda.
Entonces, el sujeto de conocimiento puede acceder a la verdad del objeto.
El objeto de conocimiento puede ser activo o pasivo en la relación cognoscitiva con respecto al sujeto.
Si es activo existen dos opciones: o posee la capacidad de expresar sus facultades, o no la posee; por lo que sólo en el primero de los casos podrá darse el conocimiento.
Si el objeto es pasivo en esta relación, puede haber conocimiento de éste si es el sujeto quien lo constituye como tal, y en ese caso se suprime la distinción entre sujeto y objeto; y el conocimiento es una actividad reflexiva efectuada por el sujeto que se halla solo en el mundo replegándose sobre sí mismo.
O, si un ente superior al sujeto (suponiendo que tal ente existe) es garantía de existencia del objeto y de verdad como valor absoluto; o sea, si la relación de conocimiento tiene una garantía ontológica y gnoseológica proporcionada por un ente exterior y superior tanto al sujeto como al objeto de conocimiento.
¿Qué garantiza que puedan aprehenderse las cualidades del objeto por medio de las facultades cognitivas del sujeto?Para que sea posible el conocimiento será necesario entonces, que el ente supremo garantice la efectividad de dichas facultades. Y si así fuera, pueden darse la intuición o la iluminación como mecanismos para acceder a un objeto que: o posee una realidad propia con garantía externa, o existe en tanto que forma parte del ente supremo, o está constituido como tal debido a las acciones que el sujeto efectúa al poner en marcha las facultades que el ente supremo garantiza en él para que se den tanto el conocimiento de sí mismo como el del mundo.
Si el objeto es una de las formas de expresarse de este ente supremo, al que históricamente hemos llamado dios; es decir, si dios coincide con el mundo…
Se despliegan dos posibilidades: el sujeto puede conocer a dios, o no puede hacerlo.
Si el sujeto es finito (y aceptando el supuesto que sostiene que lo finito no puede acceder a lo infinito), entonces, éste no puede tener conocimiento cierto respecto de dios (considerando a dios como un ser infinito, ya que no tendría sentido concebirlo como un ente finito similar al sujeto)Pero si comprobamos que puede conocerlo, esto se deberá a que también él es infinito. Y en ese caso estamos haciendo coincidir a dios con el sujeto, por lo que la relación de conocimiento se reduce al conocimiento de sí. Y entonces ya no será un intuir sino un reflexionar.
Eliminadas las distinciones entre sujeto y objeto y entre dios y el mundo, nos queda preguntar si ese conocimiento reflexivo amplía el patrimonio de verdades del sujeto. A lo que debemos responder afirmativamente, dado que tanto el sujeto como el objeto son infinitos.¿Y qué pasa con el criterio de verdad? No tendría sentido alguno intentar establecer un criterio válido dado que el mismo sólo arrojaría respuestas de valor positivo, y que no cabe la posibilidad de un conocimiento reflexivo falso del ente supremo conociéndose a sí mismoY si aceptamos que la falsedad implica necesariamente un cierto grado de imperfección, si se encontrara un caso tal en el que dios se conociera a sí mismo falsamente, entonces dios sería incoherente e imperfecto.
¿Cómo puede haber falso autoconocimiento divino? Esto es imposible. Entonces, el conocimiento reflexivo que el ente supremo obtiene al dirigirse a sí mismo es necesariamente verdadero.
Pero, si la verdad excluye la falsedad (por el principio de no contradicción), entonces lo conocido está limitado por algo que lo determina desde la senda opuesta, esto es: dios es verdadero, existe, y obtiene de sí y del mundo sólo conocimiento verdadero. Por lo cual se anula en él la posibilidad de expresarse de otro modo, a saber, falsamente.
Esto anula en dios la voluntad y la libertad infinitas. La potencialidad infinita de ser de modos diferentes al actual, y por lo tanto, dios se transformaría en un ser limitado, lo cual es contradictorio con la definición de dios.Entonces, dios no puede ser ni garantía de existencia del objeto de conocimiento, ni garantía de la efectividad de las facultades cognitivas propias del sujeto para aprehender verdaderamente al objeto.
¿En que radica entonces la importancia de dios en una teoría gnoseológica?
Entonces volvemos al principio….
Si no existe un criterio de verdad objetivo y universal, el conocimiento es posible y no hay lugar para la duda…